Julia Lasa

1Hondarribia

La situación geográfica de Hondarribia ha marcado su carácter desde hace siglos: pegada a la frontera con Francia, bañada por el Cantábrico y la bahía de Txingudi, y a los pies del monte Jaizkibel. Punto estratégico donde los haya en Gipuzkoa, en esta ciudad fronteriza chocan y se fusionan dos almas, la pesquera y la medieval.

Si a todo ello le sumas la inspiración francesa que llega desde el otro lado del río Bidasoa, el resultado es Hondarribia, quizás una de las poblaciones más encantadoras de Euskadi. Vamos a pasear cada una de sus influencias —ballenera, afrancesada y medieval— para asegurarnos que te enamoras de ella, tal y como lo hace cada persona que pasea sus calles.

¿Cómo se llega?

Hondarribia está a una media hora en coche de Donostia, ciudad con la que está conectada mediante la AP-8. Esta vía también nos comunica con Bilbao, Pamplona y Vitoria-Gasteiz. Además, la autopista que lleva a Francia está, literalmente, a un paso.

Desde Donostia, las conexiones del transporte público también son muy buenas, especialmente en bus. Si lo prefieres, puedes utilizar el EuskoTren para llegar hasta aquí, aunque la parada más cercana está en nuestra ciudad vecina, en Irún.

Por último, el Aeropuerto de Gipuzkoa, el único de la provincia, se encuentra en Hondarribia y ofrece vuelos diarios a Madrid y Barcelona.

Calles llenas de historia y cultura

En Hondarribia, la historia está acurrucada por las murallas que rodean el casco antiguo. Año tras año, sigo alucinando con lugares escondidos entre estos muros, con imágenes y escondites que me inspiran para crear. Sinceramente, creo que nunca me cansaré de mirar hacia el cielo desde el casco histórico de Hondarribia para descubrir nuevos balcones, tejados, ventanas y puertas, todos ellos diferentes, sin repetición, herederos directos del legado medieval de esta ciudad.

Quizás, no hay un espacio que represente mejor este espíritu que el Castillo de Carlos V, ahora reconvertido en Parador Nacional, y que provoca la impresión de estar caminando por pura historia al cruzar sus puertas. Construido alrededor de 1200, fue luego reformado como construcción defensiva por Carlos V y utilizado por la familia real en su estancia en Hondarribia. Tras ser gravemente dañado por los ejércitos franceses en 1794, el castillo yacía en ruinas hasta que se reconstruyó en 1968. Hoy, sus 800 años sobreviven en pleno centro como la mejor metáfora de lo que es la Hondarribia histórica.

Dejando atrás las afrancesadas calles de la parte amurallada, llenas de galerías de arte y exposiciones, uno puede descender hacia la otra alma de Hondarribia. Ésta vive como en ningún otro sitio en la Calle San Pedro del barrio de la Marina. Casas de marineros, bares con aroma a txakoli y pescado y, sobre todo, el ambiente del pueblo más pesquero de toda Gipuzkoa.

Ya sea en la Cofradía de los Pescadores, en el Loretxu o el Sardara, o incluso en el pintxo-pote de los jueves podrás disfrutar de la herencia que dejaron los pescadores balleneros que poblaron Hondarribia desde el siglo VIII. Pura esencia marinera.

Entre el Jaizkibel y la Bahía de Txingudi

Cuenta un relato entre la historia y la leyenda que un grupo de vikingos llegó a Bayona, a pocos kilómetros de aquí, y acabó por poblar toda la zona hasta Hondarribia. Por ello, dicen, hay tanta gente rubia en este pueblo. También por ello, a los hondarribitarras nos conocen como vikingos.

Hijos o no de Ragnar, lo cierto es que en Hondarribia, como en la Dinamarca del siglo XII, tenemos mucha afición por el mar y el agua. La Bahía de Txingudi, la frontera natural con Francia, es el espacio donde se practica el deporte rey en el pueblo: el remo. En ella también se asienta nuestro puerto pesquero —el más importante de Euskadi junto con Getaria— y en la playa o el río Bidasoa podrás practicar cualquier tipo de deporte acuático: SUP, piragüismo, natación, o buceo. ¡Y si quieres surfear, solo tienes que cruzar el río e irte a Hendaya!

Si eres más de monte, en Hondarribia también tenemos algo para ti: el Monte Jaizkibel. Abrigando al pueblo por su parte oeste, el Jaizkibel, templo guipuzcoano del ciclismo, es el lugar perfecto para realizar rutas senderistas, bajar a ver las calas más recónditas de la costa guipuzcoana o darte un paseo de 20 kilómetros hasta la Ría de Pasaia, a las puertas de Donostia.

Una época para visitar

Hondarribia ofrece sus encantos los 12 meses del año, pero si hay un momento en el que estos alcanzan su máxima expresión es durante el mes de julio. En estas fechas tiene lugar el Festival de Blues de Hondarribia, celebrado de forma gratuita desde 2006 y por el que ya han pasado nombres de prestigio como Raimundo Amador, Eric Burdon, o Johnny Winters.

Aunque si eres de los que prefiere viajar en una época que no sea el verano, siempre te sobrarán cosas que hacer en Hondarribia: visitar las bodegas de txakoli de Hiruzta, comer en uno de los mejores restaurantes vegetarianos de la provincia —El Curry Verde—, descubrir y redescubrir cada calle del Casco Histórico, o sentir la herencia marinera del barrio de la Marina. Vivir, en definitiva, todas las almas e inspiraciones de mi pueblo, mi musa particular.